
No hay discusión, hoy fue un día histórico para los Estados Unidos. Quedó demostrado que en éste país la democracia puede brillar en todo su esplendor y a la misma vez llenar de esperanza y emoción a todo aquel que sueña con una vida mejor.
A pesar que no le otorgué mi voto al Sr. Obama, acepto con mucho respeto y admiración su juramentación; soy de la opinión que todos los que vivimos en este país tenemos el deber de dejar atrás (al menos por el momento) las rivalidades políticas, las competencias de campaña, y las diferencias ideológicas para juntos dar el paso hacia adelante y sacar de la recesión a esta gran nación.
Me encantó que el mundo entero, icluyendo los llamados “enemigos del imperialismo,” no tuvieran mas remedio que observar y hasta envidiar el civismo con que se llevan a cabo las transiciones en éste poderoso y a la vez noble país.
Seguimos siendo una nación joven con una democracia que se va moldeando poco a poco a los cambios que proponen sus ciudadanos. Esta vez el cambio hizo su entrada truinfal por la puerta principal de la Casa Blanca; ondeando banderas y al son de las orquestas le dijimos el adíos oficial a una era de prejuicios raciales. El camino no fue nada fácil. La historia ha dejado en su largo recorrido cicatrices profundas en “blanco y negro” que hoy sirven de recuerdo para que ninguna futura generación cometa las injusticias que se vivieron en tiempos de la segregación.




1 comment:
You've come a loooong way!
Post a Comment